VISIONES ATLÁNTICAS 51 TRES CULTURAS GLOBALES

Francis Fukuyama en 1992 en su obra “El Fin de la Historia”, proponía que la historia humana como lucha entre ideologías había concluido, con la caída del Muro de Berlín en 1989. Cuando se desplomó el comunismo de la URSS con Gorvachov, política e ideología del libre mercado se habían impuesto al final de la guerra fría. Su optimismo debemos darlo por acabado el 31 de agosto de 2021, donde se cierra la claudicación de las “democracias liberales” frente a los talibanes de Afganistán, dejando ocupar la globalización por el islamismo y los neocomunismos de Rusia y China. Contra Fukuyama, nuestro Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales del 2005, Giovanni Sartori (1924-2017), señalaba las dificultades de integrar en Europa a los musulmanes. La integración ético-política es imposible, el islam es incompatible con nuestra cultura. Al tiempo decía que las izquierdas han perdido su ideología, bajo un “multiculturalismo” inviable. El islam y el comunismo, no son integrables en nuestras democracias occidentales. El eurocomunismo en su día se sumó a la socialdemocracia.
De manera que Afganistán inaugura la era “multicultural”, fin de la “pax americana” donde en la globalización deben competir tres culturas, “democracias liberales, neocomunismos e islamismos”. Que encuadramos bajo el “Índice de Calidad de la Democracia”, que publica “The Economist”, donde sitúa las naciones del mundo en 4 niveles, democracias plenas, democracias en transición, regímenes híbridos y regímenes autoritarios. Medidos con 5 categorías, proceso electoral, participación política, cultura política, libertades civiles y derechos y calidad de gobierno. La nueva era “postafganistán” asociada al virus, ha deteriorado la calidad democrática global con derivas imprevisibles. Nos regresan al inicio de una nueva historia, con nuestras sociedades abiertas y adanistas, que confunden tolerancia con relativismo
Nuestras tres culturas políticas fijan los límites del “multiculturalismo”. Entre ellas una primera frontera, el valor del individuo frente al estado, que separa las democracias liberales de los neocomunismos y del islamismo; como hemos podido ver en los atentados de Kabul y con los “menas” de Ceuta. El ciudadano es sacrificado en nombre del estado o de Alá. Exigen las democracias liberales estado de derecho, con primacía de constitución y leyes, separación de poderes, libertad, igualdad y fraternidad. Intimidad y propiedad privada. Libertad de prensa y expresión. De reunión y asociación. De enseñanza y culto. Tolerancia y pluralismo político. Elecciones libres periódicas. Test que aplicado a los otros dos sistemas los alejan de la democracia, tanto más cuanto peor es su calidad, siempre asociada a su bajo nivel de rentas, desigualdad y desarrollo social. Son causales no casuales.
Los “neocomunismos” suprimen la separación de poderes, son de partido único y evolucionan matando la libertad, la propiedad privada y la libertad de enseñanza. El fin de su lucha de clases, conduce siempre a las “nomenklaturas”, que se cooptan fuera de su propia legalidad en el circuito paralelo de sus sociedades cerradas. Donde tienden a transformarse en “monarquías hereditarias”, como en Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, incluso en el peronismo argentino. Casos extremos son los regímenes islamistas, donde el individuo es engullido sin derechos, bajo las doctrinas interpretadas por las sectas. No existe sistema de derecho ni separación de poderes, el estado se ocupa por la “teocracia” y para siempre, donde en sus interpretaciones más suaves se anula a la mujer y al hombre se le somete al Corán, con todo tipo de desigualdades. Las que querían cambiar los que hemos abandonado a pie de avión en Kabul. No es una guerra solo económica, es una guerra por los valores que hemos dejado atrás.
HUGO LUENGO